Conocí Amapola Bio casi por casualidad, durante una visita a San Cristóbal de Segovia el pasado marzo. Allí descubrí su Passive House, un espacio donde se cocinan, literalmente, los momentos de cuidado personal para quienes elegimos lo natural y respetuoso con nuestro cuerpo y el entorno.
Ana, la fundadora del proyecto, nos recibió con su equipo. Nos presentó las instalaciones, los ingredientes y todo el proceso de elaboración de sus productos. Una experiencia cercana, honesta y transparente. Cosmética ecológica certificada, sin disruptores endocrinos ni químicos agresivos, hecha con ingredientes 100 % naturales y de calidad.
Confieso que al principio compré con cierta timidez: un tónico facial de lavanda y un sérum regenerador de argán. Pero unos meses después, Amapola Bio se ha convertido en el centro de mi rutina facial diaria… ¡y en mi opción favorita para hacer regalos en Navidad!
Hasta ahora he probado —y me han encantado—:
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El tónico de lavanda
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El sérum de argán
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La crema de caléndula
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El tónico de malva
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Y muy especialmente, el contorno de ojos de frambuesa, un imprescindible en mi cuidado diario.
Mi rutina facial natural con Amapola Bio
Por la mañana y por la noche sigo esta rutina sencilla y eficaz:
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Limpieza facial (aún con jabón convencional, pendiente de mejorar esto).
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Tónico de lavanda (aunque confieso que durante el embarazo no soportaba su olor).
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Contorno de ojos de frambuesa.
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Por la noche: sérum de argán.
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Por el día: crema hidratante de caléndula.
Amapola Bio no solo es cosmética natural: es un compromiso con el bienestar, la sostenibilidad y el respeto por el entorno. Si buscas una rutina facial sin tóxicos, con ingredientes de confianza y producción local, este es un gran punto de partida.